La educación es una actividad social que ha permitido preservar la cultura, asimilar y desarrollar la ciencia, ampliar el estado de las artes, afianzar la libertad y socializar al individuo. El intento por transformar la sociedad a partir de la educación que tuvo lugar en el imperio español, tanto en América como en la Península, data del Siglo de las Luces, bajo la dinastía de los Borbones. La enseñanza, como instrumento de un proyecto social, tenía una intención utilitaria: reintegrar a España al desarrollo mundial y recuperar la grandeza imperial. Lograr estos objetivos exigía, entre otras cosas, incrementar el conocimiento técnico-científico del pueblo hispano. Sin embargo, circunstancias de diversa índole propiciaron el fracaso del esfuerzo educativo realizado por el régimen borbónico para modernizar la metrópoli a partir de una nueva lógica de desarrollo, donde la educación desempeñaría un papel primordial. En el transcurso del siglo XIX la educación cambió el sentido de la ciencia y la técnica, y transformó las condiciones de desarrollo de los mercados y la vida en el presente siglo, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial. Es decir, sin instituciones que hagan de la enseñanza un instrumento para el avance científico y tecnológico resulta imposible plantear el progreso social e integral de las colectividades. Por lo tanto, la educación tiene un sentido fundamental.
Nuestra condición de atraso económico, el cual se manifiesta en la escasez de recursos humanos calificados y el bajo desarrollo cultural de nuestros pueblos, obliga a regresar al pasado para encontrar en los orígenes un sentido de utilidad social a la educación. Esto debe permitirnos reintegrarle su función como instrumento de movilidad social en favor del bienestar de la amplia mayoría de los mexicanos. En esta empresa, la construcción de un modelo educativo deberá remontar las inercias de la masificación. Este fenómeno, al afectar negativamente el proceso educativo, ha propiciado que disminuya en gran medida la capacidad de los educadores en cada nivel de enseñanza para transmitir conocimientos; asimismo, ha propiciado que funcionarios sin vocación de servicio ocupen posiciones directivas y que aún exista un alto índice de población analfabeta.
El propósito de esta sección consiste en recuperar históricamente las herramientas teóricas que guiaron los esfuerzos educativos realizados en el país desde que culminó la fase armada de nuestra Revolución. Lucha que hombres y mujeres realizaron por transformar, a partir de la enseñanza de la lectura y la escritura, a este México "florido y espinoso"; surgiendo desde entonces diversas concepciones educativas, algunas de las cuales se han desarrollado con amplitud.
A partir de la consideración que en México la educación siempre ha desempeñado un papel sustancial en favor del desarrollo de su sociedad, se ha realizado en este capítulo un somero análisis de las tendencias educativas del México posrevolucionario. La finalidad no es de manera alguna evaluar estrictamente si constituyeron o no filosofías educativas, sino comprender los propósitos de las acciones desarrolladas por el Estado en materia de educación en la presente centuria.
La razón por la que se aborda este tema a partir de los años 1920 y no antes obedece fundamentalmente a que a lo largo del siglo XIX la tendencia liberal-positivista, con todo el impulso que dio a la estructura educativa de la época, no ofrecía los elementos suficientes para acercarse a lo que es una filosofía de la educación. No fue sino hasta Vasconcelos que los esfuerzos por conceptualizar y eslabonar coherentemente entre sí una visión del mundo y del hombre, un conjunto de valores, una teoría del conocimiento y una teoría educativa empezaron a estar muy cerca de formar una verdadera filosofía educativa lógicamente concatenada.
La estructura de este capítulo está integrada por siete apartados. A lo largo de los seis primeros, se pretende exponer las grandes tendencias de la educación nacional expresadas en las últimas siete décadas por José Vasconcelos, Moisés Sáenz, Narciso Bassols, Lázaro Cárdenas, Jaime Torres Bodet y Jesús Reyes Heroles, en cuyo pensamiento fue construida la base del sistema educativo a nivel básico en México a lo largo del presente siglo.
1. La cruzada vasconcelista. La educación como recurso fundamental para alcanzar la identidad nacional
José Vasconcelos, quien desde su infancia se caracterizó por su intensidad por vivir, cuestionó, enfrentó y derrumbó, ya en su juventud, a la llamada "Generación del Centenario", que impulsaba el gradualismo positivista y el racionalismo. Esta inquietud la compartía con la "Generación del 15", de la que posteriormente se distanció al disentir sobre los ritmos que debía guardar el cambio social y los actores que debían protagonizarlo.
Vasconcelos estaba convencido de que la educación constituía un elemento de liberación humana y que, a su vez, generaba la libertad de creencias. Pluralista por convicción, cualquier pensamiento monolítico le resultaba reduccionista; hiperactivo, concebía al individuo propenso a la acción y, por lo tanto, como un ente que no requería de estímulos externos utilitaristas para actuar. A partir de estas consideraciones, para Vasconcelos educar significaba enseñar los valores humanos con los cuales la actividad conduce a la superación. Su proyecto educativo rescataba al pueblo de la inacción intelectual, generada a lo largo de los años de humillación en los que habían sido obligados a no actuar, y lo redimía permitiéndole aumentar su confianza e identidad, mediante el orden y la disciplina.
El planteamiento vasconcelista fue de carácter universal, porque confrontaba y conciliaba a nuestra Nación con el mundo a partir de su concepción iberoamericana. Como muchos de nuestros intelectuales, Vasconcelos fue amante del libre pensamiento, sabía que a partir del libre ejercicio intelectual se recuperarían nuestras raíces y se descubriría la esencia de nuestra identidad nacional. Para él, la fuerza del país estaba en su origen y no en sus afanes guerreristas, en la cultura y no en las armas, consideraba que la nación se asemejaba más a una roca que a un aerolito.
La educación debía fomentar los vínculos sociales, en tanto instrumento que fortaleciera la solidaridad entre los mexicanos; vería a la industrialización sólo como un medio para promover el bienestar; haría de la ciencia, la cultura y la tecnología una herramienta para consolidar la Nación; aumentaría los conocimientos geográficos, antropológicos y la complejidad social del país para acrecentar con ello la conciencia sobre la importancia de la identidad nacional. Había que mexicanizar el saber y aprender a ver el mundo desde una perspectiva propia de los mexicanos.
La escuela como resumen de la humanidad era, para Vasconcelos, la instancia donde la educación se orientaba hacia el saber, no tanto para descubrir y ascender al poder, sino un instrumento para que el hombre lo pudiera hacer. Alcanzar esta meta era posible gracias a que el conocimiento es la conciencia del ser, cada generación se levantaba en los hombros del conocimiento que le aporta la generación anterior y el saber enriquecía conciencias. Sin embargo, lograr esta síntesis humana no podía improvisarse, el niño debía aprender con disciplina e imaginación a partir del conocimiento de las grandes preocupaciones sociales de la humanidad.
La labor institucional de Vasconcelos, impulsada con el establecimiento de la Secretaría de Educación Pública (SEP), concentró los esfuerzos educativos de la Revolución y les dio una orientación reconstructora. La educación debía ir a los marginados, estar guiada por preocupaciones democráticas. Su deber ser consistía en formar hombres con confianza en sí mismos, que emplearan su energía sobrante en el bien de los demás. Para la visión vasconcelista, la pobreza y la ignorancia son los mayores enemigos del progreso, resolverlos precisaba de la educación para subsanar tan grandes males.
Por ello, en un país caracterizado por su heterogeneidad social, la educación debía construir, promover y difundir una identidad tejida con el contacto entre España y la América precolombina. Para nuestro "Ulises Criollo", el mestizaje era la esencia de la hispanidad hasta en la misma España que, por cierto, nunca fue un país monoétnico sino de múltiples razas, aunque por mucho tiempo no llegase a ser aceptada esta pluralidad.
Para Vasconcelos la educación no era sólo una ciencia, había que sumarle un carácter normativo, de ahí sus semejanzas con la ética o la política. Al igual que éstas, consideraba que exigía una relación racional entre fines y medios para alcanzarlos, un vínculo entre el ideal y su consecución.
El objetivo final del sistema educativo de Vasconcelos radicaba en transformar la realidad en todas sus manifestaciones. Para ello, era necesario combatir la opresión que durante siglos había pesado sobre el mexicano porque le impedía cristalizar sus esfuerzos en favor de la actividad productiva e imaginativa, hacia un uso placentero de su ocio que evitara su hundimiento en la pereza.
La escuela bajo la concepción vasconcelista, guiada por valores de equidad y de distribución de la riqueza, era un instrumento de liberación humana para todos y no como prerrogativa exclusiva de una minoría. Con esta convicción el ministro de Educación pugnaba por vincular el plantel escolar con la vida; promover desde este sitio el desarrollo pleno de la población; en fin, esta institución educativa era el centro del desarrollo cultural de una sociedad en busca de su integración como Nación.
La visión de Vasconcelos se fundamentaba en una cosmovisión universal de la naturaleza humana y en una teoría educativa normativa amparada en una concepción plural en el conocimiento como instrumento y no como un fin para la satisfacción de las necesidades humanas.
Para Vasconcelos, era imperativo alimentar la identidad nacional del México revolucionario, para hacerlo democrático e hispanoamericano. Por eso, la SEP no fue concebida como una instancia burocrática más, sino como la correa de transmisión entre una sociedad y una forma de Estado que tenían en ese momento la oportunidad de reconstruirse o inventarse.
Como titular de este ministerio, Vasconcelos se caracterizó por la prisa para educar (quizá desde entonces data el estigma por hacer las cosas rápido en materia educativa). Para ello, movió a la sociedad a partir de la recuperación de nuestro pasado y de la historia universal; hizo de cada maestro un misionero cultural, un apóstol de la nueva palabra educativa, un protagonista de la integración nacional del país que, en la práctica, conocía y sembraba la semilla de una nueva conciencia nacional.
En resumen la importancia del proyecto vasconcelista estriba en su concepción de que la educación debe consolidar a la Nación, incrementar los lazos de solidaridad entre los mexicanos. Si bien en México ha prevalecido una injusta distribución de la riqueza y del ingreso, resultaba más lastimoso y lamentable que existiera una exagerada concentración del conocimiento en unas cuantas cabezas. Así, con la educación como herramienta, Vasconcelos y sus contemporáneos sentarían las bases para el desarrollo ulterior del México revolucionario.
2. La escuela social de Moisés Sáenz: entre el humanismo vasconcelista y la educación socialista
Si para Vasconcelos la escuela nos redimía como humanidad, para Moisés Sáenz, subsecretario de Manuel Puig Casauranc, significaba la actividad que nos preparaba para la vida. A partir de esta concepción surgió y se desarrolló la escuela rural en la historia educativa del país. Esta fue una de las aportaciones y realidades más sugestivas cuya paternidad responde a Sáenz.
Moisés Sáenz recuperó las lecciones de su maestro John Dewey sobre la escuela activa y multiplicó tiempos para construir obras que aún perduran en el presente. Entre ellas, la fisonomía que le imprimió a la antropología social y la escuela rural experimental, aunque, hasta hace pocos años, estuvieron sujetas a una mínima atención por parte de los estudiosos de la educación. De la primera, quizá el peso que guardan otros dos grandes, Manuel Gamio y Alfonso Reyes opacaron, en el tiempo, la personalidad protestante del regiomontano Sáenz; de la segunda, probablemente el empeño por sobrevalorar los alcances de la educación socialista ensombreció las bondades de la educación social pregonada y practicada por su principal impulsor.
Para Sáenz la educación se enfrentaba al gran reto de incorporar al indígena a la vida nacional sin destruir o violentar su cultura. Se pretendía revalorar nuestro pasado sin desdeñar el mundo occidental, un Occidente diferente al de Vasconcelos que no terminaba en la Europa continental, particularmente en Iberoamérica, sino que tenía una frontera más amplia.
Asimismo, Sáenz buscaba la integración indígena a partir de la identidad nacional, aunque el medio para lograrla no era la recuperación de los valores profundos de la humanidad. Se partía de un modelo que el subsecretario de Educación construyó y desarrolló, fundamentado en la práctica de principios elementales de solidaridad. En consecuencia, la mexicanidad tenía como base la tradición prehispánica y la continuidad cultural que había nacido a partir de la confrontación con Occidente: ese era nuestro camino.
El proyecto educativo, en tanto identidad, debía romper primero las trabas de la escisión interna y desde ahí buscar nuestro significado externo. Integrar al indígena al proyecto nacional, significaba incorporar la civilización a nuestra cultura y no al contrario. Es decir, dejar absorber a nuestra población india y mestiza marginada por los mecanismos perversos de la vida económica en la civilización.
A partir de esta percepción, Sáenz fue más allá de la mera atención a la educación rural, cuyo concepto adquirió dimensiones muy amplias. Con él tomaron fuerza las escuelas de pintura al aire libre, la protección de las artesanías y los oficios, y los museos regionales. Su impulso a la investigación antropológica nos lleva a considerarlo como el sociólogo de la educación de la Revolución, aunque guardada la debida distancia de la condición filosófica que fundamentó la cruzada vasconcelista.
El México posrevolucionario está integrado por muchos Méxicos y en la tarea de identificarlos, la educación ha sido a lo largo del tiempo el instrumento que promueve la solidaridad entre ellos. Socializar para articular y conjugar nuestra heterogeneidad. Esta es la razón por la cual se explica que los valores humanos sean un fin mediato, y el compromiso educativo esté vinculado con las cuestiones de la vida cotidiana: salud, economía y ambiente. Para Sáenz, el desarrollo de la comunidad rural era la tarea primordial. Durante más de diez años de labor institucional creó escuelas activas donde experimentó la viabilidad de su proyecto y formó equipos que realizaban un amplio trabajo de campo para conocer directamente la realidad que se pretendía transformar.
Su carácter pragmático llevó a Sáenz a considerar el quehacer educativo como un proyecto de ingeniería. El México de ese entonces era un país de pobres comunicaciones y; en esas condiciones, incorporar al indio implicaba una labor de zapapico y de pala, ya que el asfalto, el camino real y la vereda sintetizaban a los diferentes méxicos, ilustraban su heterogeneidad social. El esfuerzo por incorporar al indígena se dificultaba por un problema fisiográfico. El indígena es un ser que se desenvuelve en poblaciones aisladas y, por ende, responde a un individualismo acendrado para defenderse de una civilización que lo acecha en lo económico y cultural. Para Sáenz, la asimilación del indio exigía altos esfuerzos de solidaridad y comunicación entre los hombres y las instituciones. Había que ir al campo para sembrar una semilla: la escuela comunitaria, alma de la mexicanidad, trinchera que vencería la atomización social al conjuntarlo. En tal sentido, la Revolución era la síntesis social que impulsaba, bajo nuevos valores, la unidad entre todos los mexicanos sin dejar fuera alguno de sus segmentos.
Sáenz pensaba en el indio y en el mexicano dentro de una acepción amplia. Consideraba que el hombre estaba dotado de inteligencia para realizar el cambio, para ser industrioso y generar así su autosuficiencia. Dentro de esta visión, la educación encerraba un papel sustancial en tanto instrumento para combatir la desintegración social, que debía conducir al conocimiento para el cambio. La educación tenía un carácter instrumental, el hombre más que un teórico era un experimentador.
La visión de Sáenz, con las reticencias propias que el protestantismo ha causado en el país, alternaba, por lo menos en el discurso educativo, con la visión humanista de Vasconcelos. Sin embargo, Sáenz también era pluralista, y más abierto que Vasconcelos. Creía en la bondad, inteligencia y diligencia del mexicano, bastaba orientar estas cualidades en su beneficio y el de la sociedad. Enseñar para modificar el ambiente ecológico y social inmediato al hombre.
De ahí que su filosofía educativa encontraba fundamento en la utilidad y su teoría de la educación estuviera dominada por la socialización. Concebía la enseñanza como un instrumento de ayuda indispensable para la conservación de la vida y la buena salud; para dominar el medio en beneficio del hombre y su comunidad. Con base en la experimentación cotidiana, el ser humano incrementaría su creatividad.
Moisés Sáenz se distinguió por ser un pensador pragmático, a todo lo que le rodeaba buscaba encontrarle el sentido de utilidad; su visión educativa tenía como preocupación la integración social de México sin dejar de respetar lo que tenían de singular sus partes. En esta tarea, llegó a darle un estilo al nacionalismo mexicano contemporáneo. En suma, Moisés Sáenz fue un promotor incansable en la construcción de una escuela vital, de una entidad que contribuyera al desarrollo de la organización social de México, donde el maestro fuera el centro de la vida comunitaria, una figura educativa sin la utopía y el apostolado vasconceliano, simplemente un impulsor social de los valores más nobles que se desprendían de nuestra Revolución.
lunes, 15 de agosto de 2011
domingo, 7 de agosto de 2011
El modelo de importaciones y exportaciones de 1940 a 1960
Origen y fundamentos
El origen de este modelo responde a la corriente de pensamiento económico denominada estructuralismo o desarrollismo y a la teoría de la dependencia, ambos pensamientos infieren, que los países ricos explotan a los pobres y que, en consecuencia, las relaciones económicas internacionales perjudican a éstos últimos.
Se pueden citar tres pilares fundamentales de este modelo:
La devaluación actuaba como un dañino mecanismo de distribución de recursos e impulsaba al consumo para evitar la desvalorización de la moneda, lo que producía una ilusión de riqueza siempre que la desocupación se mantuviera baja y el mercado laboral no exigiera una alta capacitación. Como corolario no se fomentaba el ahorro interno ni la inversión.[5]
Las industrias que nacieron con el modelo no fueron capaces de afrontar sus gastos en el mediano plazo, se transformaron en industrias que dependían de las divisas, pero no las generaban. El Estado se volvió el gran protector de la nueva industria a través de los subsidios, obteniendo divisas vía endeudamiento externo.[3] El mismo proceso degenerativo sufren varias filiales de empresas extranjeras e industrias estratégicas locales que habían sido nacionalizadas en algunos países latinoamericanos pensando en aplicar la sustitución de importaciones.
La sustitución de importaciones fue aplicada en la mayoría de las veces por regímenes caudillistas o nacionalistas tanto del populismo autoritario como por las juntas militares que buscaban superar lo que para ellos era un modelo negativo, el de ser exportador de primarios-importador de secundarios; y para algunos autores el fracaso de la sustitución de importaciones puede tener relación con la inestabilidad política que acompañó a la época. Al perjudicar a las nacientes industrias nacionales dificultándoles el acceso a bienes extranjeros vitales para la producción local, en cierta medida la ISI truncó el desarrollo de la región. Cuando las condiciones del mercado internacional cambiaron en los años 80, los países de América Latina vieron duplicada o triplicada su deuda. Las altas tasas de interés propiciaron la fuga de capitales de América Latina hacia las plazas financieras estadounidenses, que ofrecían mayores ganancias sin los riesgos y los plazos necesarios en el sistema productivo. En estas circunstancias el modelo de sustitución de importaciones fracasa definitivamente, la producción doméstica pierde competitividad, se produce déficit en balanza comercial, el producto interno bruto desciende y los niveles de pobreza aumentan.
Para cambiar este escenario de estancamiento provocado por la ISI varias naciones de la región llevaron adelante tibias políticas económicas de liberalización unidas a la expansión crediticia de los bancos centrales (imprimir más dinero) buscando sobretodo la solvencia del Estado. Se da una desnacionalización de algunas empresas nacionales que ya no gozan de la financiación del Estado; hay una fuerte restricción del crédito interno, caída de la demanda interna, y devaluación que se traduce en quiebra y en adquisición de las empresas por parte del capital extranjero en condiciones de absoluta ventaja
El origen de este modelo responde a la corriente de pensamiento económico denominada estructuralismo o desarrollismo y a la teoría de la dependencia, ambos pensamientos infieren, que los países ricos explotan a los pobres y que, en consecuencia, las relaciones económicas internacionales perjudican a éstos últimos.
Se pueden citar tres pilares fundamentales de este modelo:
- Política industrial activa: subsidios y dirección del estado para la producción de sustitutos.
- Barreras al libre comercio (proteccionismo): altos aranceles a la importación.
- Política cambiaria o monetaria: tipo de cambio elevado.
- El progreso técnico sustituye productos primarios por productos manufacturados, lo que ocasiona un descenso de la demanda por productos primarios y, por tanto, una disminución en los precios de los mismos.
- El progreso técnico ocasiona que el producto final requiera menor cantidad de productos primarios, con efectos similares a los del primer punto.
- La elasticidad-ingreso de la demanda por alimentos es menor que la unidad en los países avanzados, de tal manera que el crecimiento del ingreso implica un crecimiento menos que proporcional en su demanda.
- Los países avanzados han establecido una política proteccionista sobre bienes primarios (estableciendo aranceles, cuotas y subsidios al comercio internacional).
Consecuencias positivas
Este modelo económico es considerado característico del período posterior a la crisis del 30 y hasta la primera mitad de los años 1970 en Latinoamérica. Tuvo especial auge en el período del populismo latinoamericano (años 1940 y años 1950), y en el de los gobiernos desarrollistas (años 1960). En algunos países, en la década de 1960, se logra avanzar en la segunda etapa de producción de bienes duraderos, se genera una nueva industria con tecnología moderna e inversión extranjera directa (IED) aunque muy dependiente de los insumos importados y dirigida al mercado interno. Algunos de sus logros parciales fueron:- Aumento del empleo local.
- Estado de bienestar y garantías de protección al trabajador.
- Baja dependencia de los mercados extranjeros.
- Mejora de los términos de intercambio.
- Nacimiento de sectores industriales nacionales, en especial la pequeña y mediana empresa.
- Excedente de mano de obra calificada.
- Temprana madurez del sector servicios, que llegó a proporciones similares a la de los países desarrollados.
- Un alto nivel de empleo entre los jefes de familia, el desempleo afecta principalmente a mujeres y jóvenes que poseen menor calificación.
Consecuencias negativas
Si bien la mayoría de sus críticos reconocen que este modelo no sufrió problemas graves como los que se presentan en otras economías menos desarrolladas, las críticas a la estrategia Industrial de Sustitución de Importaciones tenían varios ejes:- Elevados precios de bienes manufacturados e inflación.
- Deuda externa.
- Saldos comerciales negativos.
- Ineficiente asignación de recursos.
- Muchas exportaciones seguían siendo de bienes primarios que seguían sujetos al deterioro de los términos de intercambio.
- Una tasa de empleo inferior a la de otros países con el mismo nivel de desarrollo.
- Presiones inflacionarias asociadas a la lucha por la distribución del ingreso en una economía de productividad media baja.
- Estrechez del mercado interno que impedía aprovechar las economías de escala para bajar costos.
- Falta de protagonismo nacional para hacer de la innovación tecnológica un dinamizador del sector industrial (alta dependencia de la inversión de empresas extranjeras).
- Subsidio a empresas propició formación de monopolios.
- El sector industrial no se preocupó por conquistar mercados externos, destinaba su producción al consumo interno y de esta forma requería de la producción primaria para conseguir las divisas para comprar bienes de capital; reproduciendo la relación de dependencia que el mismo modelo pretendía evitar.
Agotamiento del modelo
No mucho tiempo después del comienzo de la aplicación de este modelo económico en distintos países en desarrollo, empezaron a evidenciarse dos problemas fundamentales vinculados al mismo: la inflación y el desequilibrio externo. Lo que producía un ciclo de crecimiento (avance) y retroceso (caída) en períodos más o menos regulares, siendo este modelo responsable de varios periodos hiperinflacionarios vividos en países como Brasil o Argentina por ejemplo. La razón es que al contrario de lo que se pensó, el modelo requería en su fase expansiva la importación de bienes de capital e intermedios, que teniendo en cuenta el desaliento al sector exportador, generaba un desequilibro persistente, que finalmente debía ser resuelto mediante periodos inflacionarios y eventualmente hiperinflacionarios, luego de los cuales el ciclo recomenzaba.La devaluación actuaba como un dañino mecanismo de distribución de recursos e impulsaba al consumo para evitar la desvalorización de la moneda, lo que producía una ilusión de riqueza siempre que la desocupación se mantuviera baja y el mercado laboral no exigiera una alta capacitación. Como corolario no se fomentaba el ahorro interno ni la inversión.[5]
Las industrias que nacieron con el modelo no fueron capaces de afrontar sus gastos en el mediano plazo, se transformaron en industrias que dependían de las divisas, pero no las generaban. El Estado se volvió el gran protector de la nueva industria a través de los subsidios, obteniendo divisas vía endeudamiento externo.[3] El mismo proceso degenerativo sufren varias filiales de empresas extranjeras e industrias estratégicas locales que habían sido nacionalizadas en algunos países latinoamericanos pensando en aplicar la sustitución de importaciones.
La sustitución de importaciones fue aplicada en la mayoría de las veces por regímenes caudillistas o nacionalistas tanto del populismo autoritario como por las juntas militares que buscaban superar lo que para ellos era un modelo negativo, el de ser exportador de primarios-importador de secundarios; y para algunos autores el fracaso de la sustitución de importaciones puede tener relación con la inestabilidad política que acompañó a la época. Al perjudicar a las nacientes industrias nacionales dificultándoles el acceso a bienes extranjeros vitales para la producción local, en cierta medida la ISI truncó el desarrollo de la región. Cuando las condiciones del mercado internacional cambiaron en los años 80, los países de América Latina vieron duplicada o triplicada su deuda. Las altas tasas de interés propiciaron la fuga de capitales de América Latina hacia las plazas financieras estadounidenses, que ofrecían mayores ganancias sin los riesgos y los plazos necesarios en el sistema productivo. En estas circunstancias el modelo de sustitución de importaciones fracasa definitivamente, la producción doméstica pierde competitividad, se produce déficit en balanza comercial, el producto interno bruto desciende y los niveles de pobreza aumentan.
Para cambiar este escenario de estancamiento provocado por la ISI varias naciones de la región llevaron adelante tibias políticas económicas de liberalización unidas a la expansión crediticia de los bancos centrales (imprimir más dinero) buscando sobretodo la solvencia del Estado. Se da una desnacionalización de algunas empresas nacionales que ya no gozan de la financiación del Estado; hay una fuerte restricción del crédito interno, caída de la demanda interna, y devaluación que se traduce en quiebra y en adquisición de las empresas por parte del capital extranjero en condiciones de absoluta ventaja
José María Albino Vasconcelos Calderón
Nacido en Oaxaca, ciudad capital del mismo estado, el 28 de febrero de 1882 (algunas fuentes citan que nació el 27 de febrero del mismo año), fue el segundo de los nueve hijos que procrearon Ignacio Vasconcelos Varela y Carmen Calderón Conde. Particularmente importante para su desarrollo personal fue la oportunidad que tuvo de realizar estudios de educación primaria en escuelas ubicadas en la frontera entre los Estados Unidos y México, especialmente en la frontera entre Eagle Pass en Texas y Piedras Negras, Coahuila. Más adelante, por causas familiares de índole económica, debió continuar su educación en el Instituto Científico de Toluca, Estado de México, y en el Instituto Campechano, benemérito colegio de la actual ciudad de San Francisco de Campeche, capital del estado de Campeche. Luego de la prematura muerte de su madre, ingresó en la Escuela Nacional Preparatoria (actualmente parte de la UNAM) y posteriormente en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, donde obtuvo el título de licenciado en derecho en 1907.
A los dos años de haber concluido sus estudios, Vasconcelos participa con otros jóvenes mexicanos críticos de los excesos de la educación positivista impuesta por Justo Sierra, ministro de Instrucción Pública del gobierno de Porfirio Díaz, en la fundación del Ateneo de la Juventud Mexicana, más adelante conocido como el Ateneo de México. Lo novedoso del Ateneo radica, sin embargo, no en su disposición a criticar los excesos del porfiriato, sino en la calidad de las críticas adelantadas por la generación de jóvenes intelectuales que le dieron vida. La más importante de ellas tiene que ver con el rechazo del determinismo y mecanicismo del positivismo comtiano y spenceriano y el llamado para que se dotara a la educación de una visión más amplia, que rechazara el determinismo biológico del racismo y que encontrara una solución al problema de los costos de los ajustes sociales generados por grandes procesos de cambio como la industrialización o la concentración urbana.
Aunado a ello, frente a la posición oficial de Sierra y los funcionarios del porfiriato, llamados "científicos", de promover una visión única del pensamiento filosófico (positivista y determinista), Vasconcelos y la generación del Ateneo proponían la libertad de cátedra, la libertad de pensamiento y, sobre todo, la reafirmación de los valores culturales, éticos y estéticos en los que América Latina emergió como realidad social y política. Aquí es importante destacar que una de las características del porfiriato, para algunos el lado oscuro de éste, es justamente un cierto desdén por lo nacional mexicano, su fascinación con lo europeo, lo francés, lo alemán o, si nada de esto era posible, con lo estadounidense, como alternativa viable para alcanzar el progreso.
Vasconcelos y la generación del Ateneo sientan las bases para una ambiciosa recuperación de lo nacional mexicano y de lo latinoamericano como una identidad que, además de real, fuera viable en el futuro, y sobre todo que no dependiera de lo extranjero para un progreso sostenido, como de hecho ocurrió con el modelo económico del porfiriato y otros experimentos latinoamericanos similares, como la República de los Coroneles en Brasil, México y Estados Unidos.
Es de este primer período de la vida pública de Vasconcelos del que ha surgido, como una suerte de leyenda, la idea de que fue él quien acuñó el lema más célebre del maderismo: "Sufragio Efectivo, No Reelección". Este lema, hasta la fecha la rúbrica de los documentos oficiales signados por funcionarios del gobierno federal mexicano, tiene su origen, sin embargo, en el Plan de La Noria, encabezado por Porfirio Díaz contra Benito Juárez, en 1871. El genio de Vasconcelos radicó, sin embargo, en haber rescatado esa frase usada originalmente por el joven Porfirio como un ariete contra el anciano Juárez, cuando éste insistía en prolongar su permanencia en el poder.
Conocido el resultado oficial de esa elección, las simpatías al Plan de San Luis se multiplicaron. Esto dejó claro al anciano caudillo que no estaba en condiciones de mantenerse al frente del gobierno, a menos que deseara llevar a México por la ruta de una guerra civil o que las ambiciones norteamericanas, ya demostradas, pusieran en peligro nuevos territorios nacionales. Díaz renunció, y el gobierno provisional instalado al efecto convocó a nuevas elecciones presidenciales en las que Madero triunfó en 1911.
La Revolución
Al proclamarse el Plan de Agua Prieta en 1920, Vasconcelos se alineó con Álvaro Obregón contra Carranza. Tras la muerte de Carranza, el presidente interino Adolfo de la Huerta le encargó el Departamento Universitario y de Bellas Artes, cargo que incluía la rectoría de la Universidad Nacional de México
A los dos años de haber concluido sus estudios, Vasconcelos participa con otros jóvenes mexicanos críticos de los excesos de la educación positivista impuesta por Justo Sierra, ministro de Instrucción Pública del gobierno de Porfirio Díaz, en la fundación del Ateneo de la Juventud Mexicana, más adelante conocido como el Ateneo de México. Lo novedoso del Ateneo radica, sin embargo, no en su disposición a criticar los excesos del porfiriato, sino en la calidad de las críticas adelantadas por la generación de jóvenes intelectuales que le dieron vida. La más importante de ellas tiene que ver con el rechazo del determinismo y mecanicismo del positivismo comtiano y spenceriano y el llamado para que se dotara a la educación de una visión más amplia, que rechazara el determinismo biológico del racismo y que encontrara una solución al problema de los costos de los ajustes sociales generados por grandes procesos de cambio como la industrialización o la concentración urbana.
Aunado a ello, frente a la posición oficial de Sierra y los funcionarios del porfiriato, llamados "científicos", de promover una visión única del pensamiento filosófico (positivista y determinista), Vasconcelos y la generación del Ateneo proponían la libertad de cátedra, la libertad de pensamiento y, sobre todo, la reafirmación de los valores culturales, éticos y estéticos en los que América Latina emergió como realidad social y política. Aquí es importante destacar que una de las características del porfiriato, para algunos el lado oscuro de éste, es justamente un cierto desdén por lo nacional mexicano, su fascinación con lo europeo, lo francés, lo alemán o, si nada de esto era posible, con lo estadounidense, como alternativa viable para alcanzar el progreso.
Vasconcelos y la generación del Ateneo sientan las bases para una ambiciosa recuperación de lo nacional mexicano y de lo latinoamericano como una identidad que, además de real, fuera viable en el futuro, y sobre todo que no dependiera de lo extranjero para un progreso sostenido, como de hecho ocurrió con el modelo económico del porfiriato y otros experimentos latinoamericanos similares, como la República de los Coroneles en Brasil, México y Estados Unidos.
Primeros pasos en la política
Invitado por Francisco I. Madero en 1909, se unió a la campaña presidencial del coahuilense. Gracias a su dominio del inglés, representó al entonces Club Antirreeleccionista ante el gobierno de Estados Unidos. Un año después, el Club se convirtió en el Partido Nacional Antirreeleccionista, con Madero como candidato presidencial y Francisco Vázquez Gómez como candidato a la vicepresidencia. Madero y Vázquez Gómez se enfrentaron a Porfirio Díaz y a Ramón Corral en la muy debatida elección presidencial de 1910. Cuando ésta terminó en un escandaloso fraude, Madero convocó a un alzamiento político-militar con el así llamado Plan de San Luis, que inició la Revolución de 1910.Es de este primer período de la vida pública de Vasconcelos del que ha surgido, como una suerte de leyenda, la idea de que fue él quien acuñó el lema más célebre del maderismo: "Sufragio Efectivo, No Reelección". Este lema, hasta la fecha la rúbrica de los documentos oficiales signados por funcionarios del gobierno federal mexicano, tiene su origen, sin embargo, en el Plan de La Noria, encabezado por Porfirio Díaz contra Benito Juárez, en 1871. El genio de Vasconcelos radicó, sin embargo, en haber rescatado esa frase usada originalmente por el joven Porfirio como un ariete contra el anciano Juárez, cuando éste insistía en prolongar su permanencia en el poder.
Conocido el resultado oficial de esa elección, las simpatías al Plan de San Luis se multiplicaron. Esto dejó claro al anciano caudillo que no estaba en condiciones de mantenerse al frente del gobierno, a menos que deseara llevar a México por la ruta de una guerra civil o que las ambiciones norteamericanas, ya demostradas, pusieran en peligro nuevos territorios nacionales. Díaz renunció, y el gobierno provisional instalado al efecto convocó a nuevas elecciones presidenciales en las que Madero triunfó en 1911.
La Revolución
Tras producirse el golpe de estado de Victoriano Huerta y Félix Díaz, Vasconcelos tuvo que exiliarse en Estados Unidos, donde recibió el encargo del gobernador de Coahuila y primer jefe del Ejército Constitucionalista Venustiano Carranza, de buscar, como agente confidencial, el reconocimiento de Inglaterra, Francia y otras potencias europeas, impidiendo que Huerta fuera reconocido u obtuviera apoyo económico. Cuando Vasconcelos logró el reconocimiento de Carranza como presidente de facto, éste volvió a nombrar a Vasconcelos director de la Escuela Nacional Preparatoria. Pero discrepancias políticas con Carranza llevaron una vez más al exilio a Vasconcelos, que regresó para tomar la cartera de Instrucción Pública durante la breve gestión de Eulalio Gutiérrez Ortiz como presidente de la Convención Nacional. Durante este periodo, Vasconcelos no pudo en realidad desarrollar sus ideas en materia de educación pública, pues las pugnas internas de los revolucionarios de la Convención de Aguascalientes y la derrota de Francisco Villa ante Álvaro Obregón, hicieron imposible cualquier ejercicio de funciones de gobierno.
Al proclamarse el Plan de Agua Prieta en 1920, Vasconcelos se alineó con Álvaro Obregón contra Carranza. Tras la muerte de Carranza, el presidente interino Adolfo de la Huerta le encargó el Departamento Universitario y de Bellas Artes, cargo que incluía la rectoría de la Universidad Nacional de México
Benito Juarez
Inicia su carrera política
El 26 de mayo de 1830 Juárez es nombrado encargado del Aula de Física del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca.Se desempeñó como rector de su Instituto en 1831, en el cual siempre profesó y defendió ante todo las ideas liberales. El 11 de diciembre de 1831 el Ayuntamiento de Oaxaca comunica a Juárez haber sido elegido Regidor para el periodo que iniciaba el 1 de enero de 1832 comenzando así su carrera política. El 25 de agosto de 1832 el Gobernador de Oaxaca José López de Ortigoza emite un decreto comunicando los nombramientos para la Corte de Justicia del Estado de Oaxaca, siendo Benito Juárez nombrado Ministro Suplente.El 11 de febrero de 1833 Juárez es nombrado formalmente Diputado Electo de la Honorable Legislatura del Estado de Oaxaca, es decir, diputado local. En su cumpleaños 26 Juárez es nombrado Capitán de la 5a Compañía del 1er Batallón de Milicia Cívica de su Estado. El 3 de febrero de 1834 se nombra a Benito miembro de la Junta de Sanidad de su Estado.
El 7 de febrero se nombra a Benito Ministro Interino de la Corte de Justicia del Estado. El 7 de abril es nombrado miembro de la "Junta Calificadora y Premiadora de los méritos que, en el Fuerte de Santo Domingo, contrajeron los valientes defensores de nuestras instituciones". El 6 de abril de 1838 se nombra a Juárez Secretario Interino de la Primera Sala del Tribunal Superior de Justicia del Departamento de Oaxaca. El 31 de diciembre de 1839 es nombrado Ministro Suplente del mismo Tribunal Superior de Justicia. El 23 de agosto de 1840 se nombra a Juárez Compositor por la Quinta Sección de Oaxaca. El 31 de diciembre de 1840 es nombrado de nuevo Ministro Suplente del mismo Tribunal Superior de Justicia. El 22 de julio de 1841 el Tribunal Superior de Justicia del Departamento Oaxaqueño emite a favor de Juárez un Despacho de Juez de la Instancia del ramo civil para la ciudad de Oaxaca. El 3 de octubre de 1843 recibe un nombramiento como Segundo Vocal Suplente de la Junta Electoral de Oaxaca. El 1 de junio de 1844 se emite un comunicado a la Honorable Asamblea Departamental del Estado acerca de que Juárez no puede cubrir la plaza de vocal de esa Asamblea por estar desempeñando el cargo de Secretario de Gobierno del Departamento del Estado. El 3 de enero de 1853 Juárez recibe un Despacho de Catedrático sustituto de Derecho Civil en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca. El 22 de febrero se le concede una licencia sin goce de sueldo por un mes a Juárez para ausentarse del Instituto. El 30 de septiembre de 1858 es inscrito Juárez como socio Honorario del Conservatorio Dramático Mexicano mediante un documento firmado por el presidente del mismo José Valero y el prosecretario Justo Sierra.
Ése mismo año apoyó a Valentín Gómez Farías, quien buscaba debilitar y someter al clero. Sin embargo, un año después se impuso de nuevo el centralismo en el país, por lo que huyó a Puebla donde administró unos baños públicos.
Después de un par de años regresó a Oaxaca. Se le otorgó el empleo de juez de primera instancia. Tuvo al menos dos hijos con una mujer anónima del pueblo, a la que desconoció para luego casarse con Margarita Maza, hija adoptiva de su antiguo patrón, Antonio Maza. Al celebrarse la boda tenía 37 años y ella 17.[6]
Sirvió como burócrata tanto a los centralistas como a los santannistas. Inclusive hizo que se colocara en su sala de sesiones un retrato de Santa Anna y cuando murió la esposa de éste, pidió a los empleado públicos que guardaran luto. En 1844 lo premiaron con el nombramiento de fiscal del Tribunal Supremo de Justicia oaxaqueño.
Al perder en las elecciones presidenciales el General Paredes Arrillaga, Juárez resultó electo diputado federal por lo que en 1847 se trasladó a la ciudad de México con esta calidad. Fue uno de los que ayudó a reelegir a Santa Anna como presidente y a Gómez Farías como vicepresidente. Votó a favor del préstamo que Gómez Farias solicitó a la Iglesia en 1847 para financiar la guerra contra EUA. El 15 de enero de aquél año, se inició en la masonería del Rito Nacional Mexicano, en una ceremonia que se tuvo en las instalaciones del mismo congreso, del cual se habían apropiado los liberales para tener sus reuniones. Juárez adoptó como nombre masónico Guillermo Tell.
Debido a la invasión estadounidense regresó a Oaxaca y se le colocó como gobernador interino en 1847. Su gestión se caracterizó por lograr el equilibrio económico y la realización de obras públicas como caminos, la reconstrucción del Palacio de Gobierno, la fundación de Escuelas Normales, levantamiento de una carta geográfica y del plano de la ciudad de Oaxaca. Muestra de esto fue que duplicó el número de escuelas en Oaxaca, de 50 que había en todo el Estado a 100 o más.
Creó el puerto de Huatulco y construyó un camino de la capital a éste, lo que permitió reducir el costo de varias mercancías que eran traídas de Veracruz o Acapulco. También reorganizó la Guardia Nacional y dejó excedentes en el tesoro. Como gobernador, Juárez iniciaba actividades frecuentemente a las cinco de la mañana y salía de su despacho muy tarde, pasadas las 10 de la noche o incluso las 11. Instaló un escritorio público para que cualquiera que lo solicitara pudiese hablar con él sin importar su condición social o económica. También en ese cargo Juárez impidió la entrada a Oaxaca al fugitivo Santa Anna quien venía huyendo de la capital del país debido a la ocupación estadounidense de entonces.
Al terminar su período regresó a impartir cátedra al Instituto de Ciencias y Artes encontrándose el primer día con un gran homenaje que le concedió el personal de éste.
Al llegar por undécima vez a la silla presidencial Antonio López de Santa Anna cobró venganza a Juárez por haberle impedido ingresar al Estado. Tal como Juárez se lo había advertido a su esposa, un día mientras daba cátedra llegaron por el unos militares para tomarlo prisionero. Le dijo al oficial que le permitiera cinco minutos para acabar su cátedra y éste accedió. Pasó a su casa donde se despidió de Margarita. Juárez prometió enviarle una carta en cuanto pudiera, le encomendó protegerse con su familia. Mientras se despedían en la habitación, un militar los interrumpió argumentando que no tenían más tiempo.
En 1853 lo encerraron en las tinajas de San Juan de Ulúa. Al poco tiempo lo trasladaron a Veracruz donde lo embarcaron en nave de bandera española rumbo al destierro en Cuba donde trabajó en una fabrica de puros. Juárez llegó a La Habana y se trasladó a Nueva Orleans, lugar dónde buscó el apoyo de las logias masónicas locales. Juárez allí conoció a Melchor Ocampo y otros refugiados que habían sido desterrados o simplemente eran perseguidos políticos del dictador. Todos ellos se reunían en esa ciudad en secreto para planear un golpe de Estado en contra de Santa Anna.
Juárez consiguió trabajo en una fábrica de puros como obrero con un sueldo miserable. Sin embargo, encontró el amparo de Emile La Sere, un rico comerciante de origen haitiano y del diputado/empresario John Slidell, accionista y gerente de la Lousiana-Tehuantepec Co, empresa que buscaba crear una vía del tren hacia el istmo de Tehuantepec para importar y exportar bienes. Al prestarle la ayuda económica con la que Juárez y a los otros exiliados liberales vivían en buenas condiciones, los comerciantes extranjeros esperaban que se les retribuyera cuando llegaran al poder.
Carrera a la Presidencia
En su exilio Juárez quería apoyar a la revolución que se estaba planeando en Ayutla. Así que logró embarcarse a Panamá para luego llegar a Acapulco. Se le dio primero un humilde puesto de escribiente.Sin embargo, como Juárez apoyó al Plan de Ayutla, proclamado en 1854, y asesoró al cacique acapulqueño, Juan N. Álvarez, logró que éste llegara a ser presidente provisional, por encargo de los liberales,. Sin embargo, Juan N. Álvarez al alcanzar la presidencia, nombró a Benito Juárez ministro de Justicia e Instrucción Pública en 1855.
En esta época expidió la Ley Juárez, oficialmente conocida como Ley sobre administración de Justicia y orgánica de los tribunales de la Nación, del Distrito y Territorios. Ésta ley coartaba los derechos de militares y eclesiásticos, como suprimir los tribunales "especiales" que tenían ambos organismos. Más no fue una solución completa como la que firmaron posteriormente Ignacio Comonfort y Sebastián Lerdo de Tejada en la que se separaba la Iglesia del Estado. La Ley Juárez simplemente era un esbozo de algo que tenía que llegar más completo.
En 1855, durante el gobierno de Ignacio Comonfort, fue primero gobernador de Oaxaca, para después ser nombrado Ministro de Gobernación y Presidente de la Suprema Corte de Justicia. En diciembre de ése mismo año, durante el golpe de estado ocasionado por conflictos entre conservadores que apoyaban a la iglesia y liberales que habían apoyado la separación Iglesia-Estado, Juárez fue apresado por las fuerzas del propio Comonfort. La razón fue la duda de los golpistas ante su posición, ya que Juárez nunca se declaró abiertamente en contra ni a favor del conflicto, irónicamente causado por la ley que él mismo había ayudado a sentar las bases.
Sin embargo, el propio Comonfort, quien había organizado su propio golpe de estado contra su gobierno, acudió un mes después a pedirle a Juárez su ayuda, ya que tanto liberales como conservadores no habían llegado a ningún acuerdo y el gobierno se debilitaba cada vez más. Así que Juárez fue a Guanajuato a ver al General Manuel Doblado, quien era gobernador del estado, para organizar otro golpe de estado. Sin embargo, éste, junto con otros gobernadores, ya había desconocido a Comonfort y nombrado como sustituto al propio Juárez, mientras que Zuloaga en la ciudad de México también se rebelaba en contra de Comonfort y de los liberales. Esto ocasionó la Guerra de los Tres Años.
Juárez Presidente Errante
En 1858, Benito Juárez se convirtió en Presidente de la República por primera vez. Tuvo que huir de Guanajuato donde fue nombrado, a Guadalajara, Colima y Manzanillo escapando de Zuloaga quien estaba apoyado por el ejército y el clero, clases afectadas por las leyes promulgadas durante el mandato de Comonfort, basadas en la Ley Juárez.Juárez movió su gobierno entre los distintos estados, siendo perseguido por el ejército federal y con ínfimos recursos. Su gobierno formó inicialmente una milicia de unos cuantos cientos de hombres, entre los que se encontraban muchos de sus amigos exiliados de Nueva Orleans, como Melchor Ocampo.
Mientras realizaban una reunión de gabinete un oficial lo traiciona y embiste junto con algunos soldados la reunión ordenando a sus soldados preparar armas, Juárez se levanta de su silla y se coloca de frente pidiendo le disparen al pecho. Guillermo Prieto en un arrebato se coloca delante de Juárez y grita: "Los valientes no asesinan", continua: "Si quieren sangre, tomen la mía pero no toquen al presidente". El oficial envaina su espada y se retira junto a su tropa. Ante el avance de las tropas federales llega Juárez y su gobierno al pacífico donde se ve forzado a embarcarse junto con su gabinete y quienes le acompañaban rumbo a Panamá y de ahí cruza al Océano Atlántico para viajar hacia La Habana y luego a Nueva Orleans. En todos estos puntos le aplaudían y recibía muestras de admiración por defender su causa. En Nueva Orleans la prensa lo aborda incesantemente.
Allí ven a Domingo de Goicuría, un traficante de armas cubano con el que entablan negociaciones que a la fecha no están claras.
En 1858 llegó Juárez a Veracruz, donde el Gobierno de Manuel Gutiérrez Zamora le era afín junto con el Gral. Ignacio de la Llave. Al llegar al Puerto de Veracruz ya lo esperaba su esposa e hijos en el muelle junto con gran parte de la población que en ese día se desbordó al Malecón para recibir al presidente constitucional. Allí pasó varios meses sin sobresaltos hasta el ataque de Miramón.
El 12 de julio de 1859 Benito Juárez decreta la primera de las normas de reforma: la "Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos".
sábado, 30 de julio de 2011
Proyecto Modernizador de Porfirio Diaz
Porfirio Diaz
Dictador que, llego al poder a través de su oposición a la reelección…
Una vez establecido en el poder, Díaz comenzó una política de consolidación entre los sectores mas favorecidos del país. A los caciques regionales les permitió mantener el poder local a cambio de su lealtad. Se reconcilio con la iglesia católica y sus antiguos enemigos conservadores gracias a lo cual México disfruto de 27 años de paz, al final de un siglo de batallas. Si los liberales habían creado un Estado-Jurídico y habían concedido la igualdad de derechos a los mexicanos, a Porfirio Díaz se debe la formación territorial del Estado-Nación y la supresión de los derechos cívicos de los mexicanos. Díaz creó la infraestructura para la unificación del territorio: una amplia red de transportes.
Con la paz, la economía se recupero: la minería, la industria y las comunicaciones se desarrollaran rápidamente; por primera vez en su historia México se convirtió en exportador de productos agrícolas y ganaderos; también se logro resolver el problema de la deuda externa que tenía al país en banca rota.
El régimen porfirista fomento el desarrollo artístico y científico de México; se fundaron nuevas escuelas, teatros, museos y academias. Los intelectuales más importantes pensaban que solo la ciencia y la modernización industrial sacarían al país de su atraso. Durante el porfirista, apareció un grupo de intelectuales y estudiosos, los ‘científicos’, que pensaron que la dictadura porfirista podría ser útil para conseguir la modernización de México. Por eso, el porfirista se caracterizó por una extraña mezcla de progresismo y conservadurismo. Para conseguirlo había que importar capitales del exterior.
Los inversionistas procedentes de Estados Unidos, Francia e Inglaterra crearon poderosas empresas en el ramo de la minería, la agricultura, la electricidad, el comercio y los ferrocarriles.
Dictador que, llego al poder a través de su oposición a la reelección…
Una vez establecido en el poder, Díaz comenzó una política de consolidación entre los sectores mas favorecidos del país. A los caciques regionales les permitió mantener el poder local a cambio de su lealtad. Se reconcilio con la iglesia católica y sus antiguos enemigos conservadores gracias a lo cual México disfruto de 27 años de paz, al final de un siglo de batallas. Si los liberales habían creado un Estado-Jurídico y habían concedido la igualdad de derechos a los mexicanos, a Porfirio Díaz se debe la formación territorial del Estado-Nación y la supresión de los derechos cívicos de los mexicanos. Díaz creó la infraestructura para la unificación del territorio: una amplia red de transportes.
Con la paz, la economía se recupero: la minería, la industria y las comunicaciones se desarrollaran rápidamente; por primera vez en su historia México se convirtió en exportador de productos agrícolas y ganaderos; también se logro resolver el problema de la deuda externa que tenía al país en banca rota.
El régimen porfirista fomento el desarrollo artístico y científico de México; se fundaron nuevas escuelas, teatros, museos y academias. Los intelectuales más importantes pensaban que solo la ciencia y la modernización industrial sacarían al país de su atraso. Durante el porfirista, apareció un grupo de intelectuales y estudiosos, los ‘científicos’, que pensaron que la dictadura porfirista podría ser útil para conseguir la modernización de México. Por eso, el porfirista se caracterizó por una extraña mezcla de progresismo y conservadurismo. Para conseguirlo había que importar capitales del exterior.
Los inversionistas procedentes de Estados Unidos, Francia e Inglaterra crearon poderosas empresas en el ramo de la minería, la agricultura, la electricidad, el comercio y los ferrocarriles.
Mexico posrevolucionario
Después de Lázaro Cárdenas, México entra a la etapa posrevolucionaria. Las características principales de este periodo son que el Estado va a ir rigiendo o dictando cada vez en menor grado el camino que tome en lo político y económico la nación.
En lo inmediato, las realidades y necesidades de la participación tanto de México como de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, y sus consecuencias, van a definir el desarrollo de la economía nacional.
Al primer periodo, que va de 1940 a 1970, se le llama el del Desarrollo Estabilizador. Este lo abarcan las presidencias de Manuel Avila Camacho (1940 a 1946), Miguel Alemán Valdés (1946 a 1952), Adolfo Ruiz Cortines (1952 a 1958) y Adolfo López Mateos (1958 a 1964). Es el periodo durante el cual el crecimiento económico nacional alcanza un enorme nivel, la balanza económica nacional se encuentra en equilibrio, y gradualmente el país va alcanzando la preeminencia iberoamericana en el concierto universal.
Sin embargo, el siguiente periodo presidencial, de Gustavo Díaz Ordaz (1964 a 1970), marca el rompimiento de este modelo. Su ícono lo constituye la rebelión estudiantil de 1968, que muestra el hastío de las clases medias (los estudiantes) con el camino que ha seguido el país.
De 1970 a 1985 seguirá el modelo de Desarrollo Compartido, en el que utilizando políticas de dispendio público, el Estado intenta promover el desarrollo económico de los desposeídos. En sexenios se traduce en los gobiernos de Luis Echeverría (1970 a 1976), José López Portillo (1976 a 1982) y Miguel De la Madrid (1982 a 1988). En su inicio, se intenta financiar el crecimiento nacional a través de los ingresos petroleros, aunque el derrumbe de los precios del petróleo durante el gobierno de López Portillo lleva al traste con el modelo, y en el siguiente periodo presidencial no se ha ideado aún la solución a los problemas del país.
Vendrá después la década de 1990, en la que el país se rige bajo el Consenso de Washington, y el Estado adopta el Neoliberalismo como modelo económico nacional. En términos presidenciales corresponde a los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari (1988 a 1994) y Ernesto Zedillo (1994 a 2000).
Y ya más recientemente, se da la transición política hacia la derecha, bajo un modelo económico neoliberalista. Corresponde a los gobiernos de Vicente Fox Romero (2000 a 2006) y Felipe Calderón Hinojosa.
En lo inmediato, las realidades y necesidades de la participación tanto de México como de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, y sus consecuencias, van a definir el desarrollo de la economía nacional.
Al primer periodo, que va de 1940 a 1970, se le llama el del Desarrollo Estabilizador. Este lo abarcan las presidencias de Manuel Avila Camacho (1940 a 1946), Miguel Alemán Valdés (1946 a 1952), Adolfo Ruiz Cortines (1952 a 1958) y Adolfo López Mateos (1958 a 1964). Es el periodo durante el cual el crecimiento económico nacional alcanza un enorme nivel, la balanza económica nacional se encuentra en equilibrio, y gradualmente el país va alcanzando la preeminencia iberoamericana en el concierto universal.
Sin embargo, el siguiente periodo presidencial, de Gustavo Díaz Ordaz (1964 a 1970), marca el rompimiento de este modelo. Su ícono lo constituye la rebelión estudiantil de 1968, que muestra el hastío de las clases medias (los estudiantes) con el camino que ha seguido el país.
De 1970 a 1985 seguirá el modelo de Desarrollo Compartido, en el que utilizando políticas de dispendio público, el Estado intenta promover el desarrollo económico de los desposeídos. En sexenios se traduce en los gobiernos de Luis Echeverría (1970 a 1976), José López Portillo (1976 a 1982) y Miguel De la Madrid (1982 a 1988). En su inicio, se intenta financiar el crecimiento nacional a través de los ingresos petroleros, aunque el derrumbe de los precios del petróleo durante el gobierno de López Portillo lleva al traste con el modelo, y en el siguiente periodo presidencial no se ha ideado aún la solución a los problemas del país.
Vendrá después la década de 1990, en la que el país se rige bajo el Consenso de Washington, y el Estado adopta el Neoliberalismo como modelo económico nacional. En términos presidenciales corresponde a los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari (1988 a 1994) y Ernesto Zedillo (1994 a 2000).
Y ya más recientemente, se da la transición política hacia la derecha, bajo un modelo económico neoliberalista. Corresponde a los gobiernos de Vicente Fox Romero (2000 a 2006) y Felipe Calderón Hinojosa.
Revolucion Mexicana
Entre 1910 y 1920 México fue sacudido por una serie de luchas y revueltas conocidas como revolución mexicana, que intentaron transformar el sistema político y social creado por Porfirio Díaz. La revolución mexicana, que contribuyó a formar el México contemporáneo, no tuvo un carácter homogéneo, sino que consistió en una serie de revoluciones y conflictos internos, protagonizados por distintos jefes políticos y militares que se fueron sucediendo en el gobierno de la nación. En sus orígenes, las primeras tentativas revolucionarias, inspiradas por Francisco I. Madero, pretendían el derrocamiento de Porfirio Díaz, que se había mantenido en el poder durante más de treinta años. Tras el triunfo de los maderistas, la necesaria reconstrucción del país se vio dificultada por las disputas entre las propias facciones revolucionarias.
Después del asesinato de Madero, hubo nuevas luchas en las que triunfó Venustiano Carranza, quien promulgó la constitución de 1917, paso decisivo para la organización del estado posrevolucionario. No obstante, los sectores más radicales de la revolución mantuvieron la lucha hasta 1920.La revolución maderista La revolución mexicana nació en un panorama de insatisfacción contra la política elitista y oligárquica de Porfirio Díaz, que había favorecido a los estamentos más privilegiados, sobre todo a los terratenientes y a los grandes capitalistas industriales. Si bien el país gozaba de prosperidad económica, las continuas reelecciones de Díaz causaban insatisfacción política entre las nacientes clases medias, en tanto que los beneficios de la prosperidad no habían alcanzado a los grupos más pobres de la sociedad.
Madero, un rico terrateniente del norte del país, propuso una fórmula de compromiso político según la cual Díaz mantendría la presidencia y aquél, desde la vicepresidencia, iniciaría un proceso de reforma. Tras el rechazo de Díaz a la propuesta, Madero fue postulado candidato a la presidencia para las elecciones de 1910 por el Partido Antirreeleccionista, que incluía a intelectuales como Filomeno Mata y José Vasconcelos.
Díaz hizo detener a su oponente y se declaró vencedor en las fraudulentas elecciones de junio, pero Madero logró escapar de la prisión y publicó en la localidad texana de San Antonio su célebre plan de San Luis Potosí, en el que denunciaba el fraude electoral e incitaba a la población a que se uniera a una sublevación el 20 de noviembre. Escasos fueron los levantamientos en la fecha señalada, pero el llamamiento contribuyó a alentar la sublevación posterior en diversos puntos de México. En el norte, en Chihuahua, Pascual Orozco y Francisco (Pancho) Villa, con unas tropas improvisadas, empezaron a asaltar las guarniciones gubernamentales; y en el sur, en Morelos, Emiliano Zapata llevó a cabo una sangrienta campaña contra los caciques locales.
Otros focos revolucionarios destacados fueron Sonora, con José María Maytorena, y Zacatecas.
Poco a poco se fue hundiendo el régimen de Díaz, cuyo ejército, dirigido por envejecidos militares, no supo hacer frente a las guerrillas revolucionarias. En la primavera de 1911, tras la caída de Ciudad Juárez, Díaz se vio obligado a renunciar y entregar el poder a Madero.
Presidencia de Madero Después de un breve gobierno provisional, Madero fue electo presidente en octubre de 1911. Inicialmente su régimen fue acogido con entusiasmo por el pueblo, pero pronto se vio enfrentado al descontento de los campesinos, que reclamaban una reforma agraria, y al de los hacendados, que deseaban sofocar el radicalismo de los seguidores de Zapata. En noviembre de 1911, éste se rebeló contra Madero en Morelos a causa del retraso en la restitución de las tierras a las comunidades indígenas, punto que se había acordado en el plan de San Luis. Asimismo, Orozco optó en Chihuahua por la lucha armada ante la resistencia a poner en marcha la reforma agraria y nacionalizar el ferrocarril.
Por otro lado, los sectores fieles al derrocado sistema porfirista, y los Estados Unidos, que veían peligrar sus intereses comerciales y petrolíferos, también contribuyeron a desestabilizar el gobierno maderista.
Las tensiones llegaron al límite cuando estalló la revuelta de Félix Díaz, sobrino de Porfirio Díaz, que se enfrentó con las tropas federales del general Victoriano Huerta en la misma ciudad de México. El 18 de febrero de 1913, después de nueve días de bombardeos, conocidos como "la decena trágica", Huerta y Díaz se entrevistaron con el embajador estadounidense Henry Lane Wilson, y los tres concretaron un pacto contra Madero. Huerta asumió la presidencia de México y detuvo a Madero, que fue asesinado a los pocos días.
El gobierno de Victoriano Huerta Las primeras medidas del nuevo presidente, tales como la prohibición de la libertad de prensa, la eliminación de destacados revolucionarios y la persecución de los movimientos obreros, contaron con el apoyo de los sectores más conservadores. Sin embargo, la oposición se organizó y pronto estalló una nueva insurrección en diferentes puntos.
En el norte, en los estados de Chihuahua, Sonora, Sinaloa y Tamaulipas, se sublevaron Venustiano Carranza y Pancho Villa; y en el sur, en Morelos, Zapata volvía a erigirse en líder de la revuelta. La alianza entre ambas facciones, tras el acuerdo de Guadalupe, y el apoyo del presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson a la causa revolucionaria, con el envío de tropas a Veracruz, llevaron a Huerta a exiliarse en julio de 1914.
Luchas revolucionarias La designación de Carranza como nuevo presidente el 20 de agosto de 1914, en contra de las ideas de Villa, desató una nueva época de anarquía y luchas entre los distintos bandos revolucionarios. En el sur operaba el movimiento insurreccionista de Zapata, de carácter campesino y centrado en Morelos, que pedía la restitución de las tierras y la expropiación de los latifundios. Se trataba de una facción unida y coherente, pero con pocas posibilidades de triunfar debido a la limitación de sus planteamientos sociales, centrados en el problema agrario, y a la incapacidad de su ejército para extender la revolución por todo el país. Por su parte, Villa, en Chihuahua, defendía también las reivindicaciones campesinas y contaba con el apoyo de un amplio sector popular.
El denominado "ejército constitucionalista" de Carranza era mucho más profesional y contaba con el respaldo, no de los campesinos, sino de los obreros, los mineros y los intelectuales.
En la convención de Aguascalientes intervinieron representantes carrancistas, zapatistas y villistas y comparecieron Álvaro Obregón, aliado de Carranza, y Villa. En ella se intentó conciliar las facciones en lucha, pero resultó un rotundo fracaso. Se puso de manifiesto la rivalidad existente entre Villa y Carranza, y tan solo se pudo llegar a la designación de Eulalio Gutiérrez como presidente interino de la nación.
Villa solicitó la ayuda de Zapata y ambos se enfrentaron a las tropas de Obregón y Carranza, que tenían el apoyo de los Estados Unidos. Los primeros fueron derrotados en 1915 en la batalla de Celaya y decidieron retirarse a sus respectivos estados. Zapata regresó a Morelos y allí fue asesinado en 1919 en una emboscada. Por su parte, Villa reorganizó su ejército en Chihuahua y, aunque fue vencido en Agua Prieta, aún pudo mantener una guerrilla, con la que realizó varias incursiones contra los Estados Unidos (a los que acusaba de apoyar a Carranza). La actitud belicosa de Villa obligó a los estadounidenses a enviar al general John J. Pershing en su persecución.
El gobierno de Venustiano Carranza Al acceder de nuevo a la presidencia, en 1915, Carranza se dedicó a reorganizar el país, mientras las tropas de Obregón batían los focos de rebelión. Una de sus más importantes labores fue promover la elaboración de la llamada constitución de Querétaro, promulgada en 1917, que confería amplios poderes al presidente, daba al gobierno derechos para confiscar las tierras de los latifundistas, introducía medidas laborales referidas a salarios y duración de jornadas, y se mostraba decididamente anticlerical.
Además, Carranza fue eliminando paulatinamente a sus anteriores enemigos. No obstante, en 1920, su decisión de dispersar una huelga del sector ferroviario en el estado de Sonora significó el hundimiento de su prestigio personal. Abandonado por sus seguidores, incluido Obregón, quedó solo en el poder; después de que Obregón lo hizo escapar de la ciudad de México, fue asesinado en su huida el 21 de mayo de 1920.
Tras la muerte de Carranza, Adolfo de la Huerta asumió la presidencia interina hasta que Obregón fue elegido en las elecciones de noviembre de ese mismo año.
Para muchos historiadores, la fecha de 1920 marcó la finalización de la revolución mexicana. Sin embargo, las revueltas militares y las situaciones de violencia esporádica prosiguieron hasta 1934, cuando llegó a la presidencia Lázaro Cárdenas, quien institucionalizó las reformas que se habían iniciado en el proceso revolucionario y que se legitimizaron con la constitución de 1917.
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